3 de septiembre de 2011
Parece para  mí como si hubieran pasado tantos meses desde que abrí mis ojos, y desperté de aquella inquieta noche sin poder conciliar el sueño. Tenía 15. Un mundo nuevo para mí.
No quería, no quería despertar. No quería que llegara ese día que preparé durante un año, intentando que todo saliera perfecto. Y miro atrás y me sentí tan bien, la alegría invadía mi cuerpo y sentía el escalofrío dentro de mi piel, pero no estaba nerviosa, gracias a Dios. Y miro con nostalgia, porque sé profundamente, que podría haber sido mejor, tal vez fue lo que merecía. Pero sé, sé muy bien, que disfruté MI noche, pero no tenía ganas de estar ahí, y no entiendo por qué.
Desperté con ansias y mi papa trajo a mi cama un gran desayuno y me felicitó por mi cumpleaños. Me llamaron, fingí placer. Pero en realidad, todo lo que quería era sentir de verdad felicidad, pero lo fingí. No del todo, porque estaba tan agradecida de que haya podido festejar mi cumpleaños de esa manera, y mi papa puso todas sus energías cumpliendo cada cosa que yo quería, que no eran muchas, porque ni yo sabía lo que queria. Hice todo tan al azar, empece a organizar mi cumpleaños de una manera diferente, creo yo. No me sentía bien, no quería organizar mi fiesta, es decir, todo lo que yo queria era algo que no se podía comprar, por así decirlo. Entonces hice todo lo que me pareció en el momento. Fui a la peluquería esa misma tarde, para hacerme el peinado y a que me maquillen, tenía la esperanza de que podía brillar esa noche, que podía ser hermosa por sólo una vez. Mis uñas habían estado terminadas el día anterior, así que no tuve que preocuparme por eso. Estuve toda la tarde en ese lugar, y cuado vi terminaod mi peinado, supe que no era lo que quería, me miré al espejo y me sentí fea. Pensé "tal vez son esas luces fuertes que tienen, o algo parecido" así que esperé a llegar a casa para poder mirarme detenidamente. Mi peinado se deshizo, literalmente. Tenia unos rulos formados, que cuando llegué a mi hogar ya no estaban, incluso cuando habían puesto muchísimo spray para que no se desarmara. Mi cara, no sabía que hacer con ella. Solo pensaba "No me gusta, yo incluso me he pitado mejor" . Traté de dejar fluir mi mente, y no pensar en eso. Vino mi tío a traerme aquel peluche que me regalaban, es hermoso. Tenía mis lágrimas a flor de piel, pero no quería dejarlas salir, porque sabía que si eso pasaba mi papa se enojaría y pensaría que soy egoísta, pero en realidad no, sólo me sentía fea.
Me senté en el asiento de atrás del auto, y nuestro camino fue destinado a la casa de mi mamá, ahí me cambiaría de ropa y me terminaría de arreglar. Saqué los broches de mi pelo, y los rulos ya no estaban, mi flequillo estaba lacio y tapaba mi cara, impidiendome ver con claridad. Me puse el vestido, el cual la ultima vez que me había visto con él fué de la modista, cuando por fin estaba terminado, no me había convencido; me tapaba las tetas y me hacía gorda, pero intente convencerme de que me quedaba bien. Cuando me lo puse, me miré al espejo, otra vez mis lágrimas se asomaban, gritando escape para poder salir, yo cerré la puerta de mis ojos con cadenas, porque no quería que el agua tuviera paso en mis mejillas. sólo escuchaba "que hermosa que estás" pero sabía con seguridad, de que podía estar mejor. Me veía horrible, me miraba y me daban ganas de llorar, cada vez que pasaba frente al espejo de la casa de mamá pensaba "Estoy horrible, el vestido me queda mal estoy mal peinada y pesimamente maquillada" y luego miraba hacia abajo y volvía a pensar "No quiero parecer egoísta, tengo que salir adelante". Seguí por mis zapatos, no los podía abrochar y la hevilla se atascaba en mi vestido provocando que se rompa en un tiempo cercano, me puse algo fastidiosa, pero no lo demostré tanto, mi papá se puso furioso y no dijo nada sólo demostró su enojo, mamá me dijo que encinte la hevilla así no me rompe el vestido, eso hice. Luego solté un par de lágrimas que se escaparon de la cárcel que escondía mis ojos y solté "me queda mal" dije en un tono suave , pero en realidad quería sacarme todo y hacer la fiesta otro día. Me dijeron que estaba hermosa, que iba a hacer? yo sabía muy bien que no era así, entonces opté por no decir nada más. Subimos al auto y emprendimos camino al salón, donde todo estaba listo. Recorríamos las calles, y yo sólo tenía mi mente en ningún lugar, estaba tan odiosa, no quería nada, sólo llorar y dejar todo para otro día. Hasta que recibí esa llamada. Estaba tan concentrada en dejar la preocupación de lado, algo que parecía inútil, cuando escuché mi celular sonando, leía "nono" , no pensé en nada sólo contesté. Me dijo feliz cumpleaños, sentía en su voz colgada de un hilo que no estaba bien y que deseaba con todas su fuerzas poder abrazarme, como también deseaba yo. Me dijo que estaba mal, en cama y que había vomitado, que no iba a poder ir, y que no sabía si mi abuela iba a ir. Era obvio que ella no quería ir, ella estaba mal viendo a su marido en ese estado, lo sabía. Pero él, como siempre tomó fuerzas de donde no tiene y le insistió a mi abuela que vaya, por mí. Él me dijo que no iba a poder ir, pero iba a estar presente de todas formas, en mi corazón. Yo no acotaba nada, solo escuchaba sus leves y dulces palabras que hacían que mi corazón se acelerara, comencé a llorar, tenía un tornado de emociones y sensaciones dentro mío, que estaba fea, mal pintada, me veía horrible y gorda, que estaba de mal humor por eso y encima mi abuelo, el que más amo no vendría, mi corazón estaba en pedazos. Corté y lloré, no quería llorar, porque el maquillaje se correría, y nadie quería que eso pase. Pero me sentía tan mal que sólo me limité a eso, lloré hasta llegar al saló, sin decir una palabra. Conocí a los fotógrafos y comenzó la sesión, sin ganas obviamente. Me fuí del saló con papá y los camarógrafos para hacer exteriores, no hablaba, quería distrerme y pensar cosas lindas, pero parecía tan difícil. En un momento, mi zapato se enterró en el barro, quedo todo sucio, mi papá intento limpiarlo, yo tenía tanta bronca por otras cosas, que eso no significaba nada.
Era la hora, el momento había llegado. Yacia tomada del brazó con papá escuchando mi horrorosa voz en el escalon de la puerta de afuera. Estaba ansiosa y feliz, nerviosa ni un poco, sólo quería entrar. Me abrieron las primeras puertas y me dijeron que cuando me den la señal debía entrar. Las segundas puertas se abrieron, y mi vista se aclaró al ver a todos. Al darme la señal comencé a caminar y saludé a mi familia y amigos. La mayoría se habían sentado y sin darme cuenta ví a mi abuela, parada frente a mí, Tenía en mis manos un ramo de flores y un peluche enorme que no me dejaban moverlas, solté todo para inclinarme hacia ella y abrazarla. Y el llanto que había reprimido durante unas horas, comenzó a salir, pero en poco tiempo fue parado, por mi papá diciendo " Basta, que hay que festejar" aclarando que no debíamos ponernos mal, sino disfrutar de ese momento, MI  momento, mi noche. Yo quería seguir llorando ...
Llego el momento del bals, no estaba nerviosa para nada, y pensaba en mi abuelo que como el siempre decía, " lo peor que hay es demostrar que uno está nervioso". Hasta que comenzó el baile ,estaba tensionada , no tenía ganas, pero traté de soltarme y compartir con mis amistades. Luego de unas horas, ya había dejado salir de mí la tristeza, o eso creía. Mi mente en blanco, intenté hacer todo lo que me decían, porque si hacía lo que yo quería, no iba a ser una fiesta para recordar. Así que pensé, que esta noche sólo la vivía una vez, no podía dejar que la tristeza,nostalgia,bronca y tensión se apoderara de mi cuerpo y me encerrara en soledad, quería disfrutar, asi que, agarre mi disfraz y fingí ser la persona más feliz de la vida. La falsa humildad, también es humildad, no?.
 Llegó la hora, era el momento en que mis bailarinas debían de haber llegado para hacer lo que más había esperado, mi coreo. Por lo que había trabajado, unas 7 clases de una hora y media, sin esforzarme ya que mis ganas de cumplir quince estaban más abajo del piso. Pero era lo único que de verdad quería hacer, sólo pensaba cuando era más joven "Cuando tenga mi fiesta de 15 quiero cantar y bailar".
Había un problema, ya era la hora del baile, y las chicas aún no llegaban. La gente ya había terminado de comer, tenía que hacer mi coreo para que el baile comenzara. Para mí nada era preocupacion, había torturado mi mente para que no se preocupara de nada, por lo tanto no me importaba, dejé que los demás se ocuparan. Mi papá llamaba a melina, mi profe, el celular apagado tenía. No se podían comunicar y se hacía tarde. Finalmente, se pudieron comunicar con paola, otra profe, las habían agarrado el control de alcoholismo y las detuvieron por unos minutos, aseguró que en 15 minutos llegaban. Por último recuerso dijeron, que si no llegaban en quince, largarían el baile, y recién después podría hacer mi coreo. Me llamaron ,tenía que cambiarme, vi a las chicas listas y las salude, me dijeron que me veía hermosa, algo que traté de omitir para no ponerme mal. Me cambié y salí a la pista, algo que había soñado, demostrarle a todos para lo que soy buena, o al menos, yo creo que lo soy.
Disfrute esos minutos como nunca, y terminé mi coreo satisfecha.
Ya mis preocupaciones se habían ido, disfruté, o al menos eso intenté, disfrutar cada segundo, porque podía ser el último, y nunca otra vez se iba a repetir. Era mitad de baile cuando el fotógrafo se acercó a mí, para decirme que la foto que habíamos protagonizado con papá en el vals, salió mal. Es decir, habían hecho lluvia de papelitos, lo cual nos ta´pó la cara. Genial, volvimos a hacer esa foto, pero era muy obvio que no era parte del vals, estaba la gente con cotillon, y nosotros desgastados de tanta fiesta.
Mi noche llegaba a su fin, ya todos se iban, saqué mis últimas fotos y despedí a los últimos. Algo había pasado, en el momento que soplé las velas de mí torta, al camarógrafo que filmaba, se le borro esa parte. Genial, volvimos a hacerla, mi cara tenía una sonrisa, pero en realidad estaba furiosa, porque ya no sería el mismo momento, ni la misma sensación.
Traté de aliviarme, y se me pasó, subí todos los regalos al auto y me fui a casa. Donde abrí los presentes y fui a dormirme a las 7 pasadas de la mañana.
Qupe gran noche ! pensé. Hasta que los meses pasaron para darme cuenta, que en realidad, había sido desastroza, pero yo hice mi mente para que no me preocupara nada, y todo lo malo que había pasado se convierta en una simple cosa, algo que en realidad no me importaba. Y así fue, disfrute mi noche y pensé que fue la mejor, pero sé que pudo estar mejor.
De eso se trata la vida, no? Van a haber millones de cosas que nos van a hacer llorar, pero tenemos que mirar arriba, seguir adelante y pensar que tenemos millones de cosas más por las cuales sonreír. Y que Dios no nos va a poner a través de algo que no podamos manejar.