24 de diciembre de 2011.
Parece mentira, y me gustaría tanto que lo fuera. Despertar una mañana para descubrir que ya no estás, me gustaría haberme ido con vos.
Viernes 23 a la noche, cumpleaños de quince al cual no tenía ganas de asistir. Me daba pena, porque ella, la cumplañera, no se merecía mi humor de mierda, pero sinceramente no quería estar ahí me sentía mal, quería llorar e irme a dormir. Pero pasé la noche, volvimos a casa y a las cinco ya estabamos acostados.
Mañana siguiente, 13 pm, mi papá me viene a despertar, con sus sinceras y dolorosas palabras, que me penetraron hasta lo más profundo de mi alma, una tristeza que se apropiaba de mi cuerpo, sin dejar nada de mí, era solo tristeza y dolor, yo ya no tenía sentido. Me dijo que ya no estabas, y a través de las duras palabras vi fruncir su rostro y sin pensar ni una vez , pegué un salto de la cama y lo abracé con todas mis fuerzas. Entendía su dolor, lo entendía más que nadie, vió a su papá agonizar durante un año, para descubrir que ya no estaba, como si todo hubiera sido en vano. Mi abuelo, el único que veía en carne y hueso, ya no iba a abrazarme nunca más, ya no iba a mirarme a los ojos con su dulce y brillosa mirada cada vez que debía irme, deseando profundamente que me quedara a dormir en su casa una noche más, y yo solo lo abrazaba, y dejaba caer mis lágrimas en su pullover. Ya no estaba más, aquel hombre grande que solía reir conmigo, y al verme crecer nos sentabamos a la para hablando filosóficamente, como si lo supieramos todo.
Que duro es enfrentar la verdad. Pareciera que es más facil ver que ya no estás, porque habíamos presenciado tu ausencia mientras vos yacias en el hospital, como si nos hubieramos hecho la idea de que en un futuro cercano ya no ibas a estar, y eso es lo que hicimos, meternos ese pensamiento en la cabeza. Pero facil? no, mas facil no fue. Fue igual de doloroso, que si hubiera sido de un dia para otro.
Igualmente, se que tu estadía en este mundo no fue en vano, fuiste un hombre que trascendió, creías que lo sabías todo y a la vez decías que nadie tenía la razón, porque no existe. Pero yo sé que vos siempre la tenías.
Significaste tanto para mí, que es muy duro saber que ya no estás.
Gracias a Dios, no me siento culpable de no haberte dicho cuánto te quería y apreciaba, porque lo hice. Pero sé que mis palabras no eran suficientes pare expresarte el amor y respeto que tenía hacia vos, te hacías querer, así de simple. Y sé que yo signifiqué mucho para vos también, por la forma en que tomabas mi mano y no me dejabas ir. De la forma en que dormí la siesta con vos hasta los doce años, cuando vos nunca dejasta pasar ni una mosca a tu pieza cuando dormías, pero yo era especial para vos. Y me abrazabas y me confesabas que nunca habías querido a nadie de la forma que me queres a mi, y me dijiste que hasta pensabas que me querías más que a tus padres, me decías que yo era especial, que tenía un ángel que hacía de tu vida un lugar más feliz. Y solías llamarme tu sol, porque decías que yo era la luz de tus ojos. Y cuando tenia algo que decir, y nadie me prestaba atención, ahí estabas vos. Diciendo que la atención que a vos te falto de chico, no querías que nos falte a nosotras tus nietas. Y desde chica soñe con la musica, bailaba y cantaba y hacía pequeños actos para navidad, reyes magos, el día de la madre y del padre. Y nadie tomaba importancia, pero vos, vos te sentabas a mirarme y cuando terminaba de bailar o cantar mirabas al piso y te quedabas pensando unos segundo, sonreías y me decías que tenia talento. Nadie me apreciaba, sentía yo. Pero vos aplaudías cada una de mis tonterías, y me hacías sentir talentosa.
Tenía las esperanzas arriba, de que podríamos volver a verte, porque a todos nos hacía mal verte agonizando todo este tiempo. Pero vos tenías tanta fuerza de voluntad, que nos hacías creer que en cualquier momento te levantabas y empezabas a bailar, a pesar del estado en el que estabas.
Gracias, qué más decirte. Te agradezco todos estos años que compartiste junto a mí. Gracias por enseñarme tantas cosas, por ser tan sabio. Gracias por perdonarme cada vez que me portaba mal. Gracias por brindarme tu amor cada día que pasabamos juntos.
Siempre vas a estar presente en mi vida, no te quiero soltar, no quiero dejarte ir.
Lo único que pedí para navidad, mi único deseo era que estes bien, y de verdad tuve la esperanza de volverte a ver sonreír, pero ahora sé que lo estás. Ahora estás donde tenes que estar, donde pertences y donde estás mejor. En mi corazón. Por siempre.